Cómo dejar a alguien que no te conviene y ser firme en tu decisión.

Seguro que todas tenemos una amiga que sentimos que no le cuesta entrar y salir de las relaciones, es como que si no le encaja, no se queda esperando a que algo cambie, simplemente, antes de implicarse más emocionalmente o de seguir avanzando en una historia que no le llena ni le conviene, pone fin.

Esto puede ocurrir por dos cosas, o bien porque ella se siente clara respecto a lo que quiere y necesita en las relaciones, así que si siente que esa persona no puede o no quiere cubrir sus necesidades o están en puntos muy distintos, no se engancha a la idea de que la otra persona la elija, no siente que ella sea el problema, si no que simplemente, sabe lo que merece, sabe lo que a ella le funciona y es coherente con esto, es coherente con ella y sus valores.

Y también puede ocurrir, que bajo esta apariencia de seguridad, haya detrás una parte más vulnerable que tiene mucho miedo a intimar, y cuando la relación va avanzando y pide más conexión, decida irse porque en el fondo, hay un miedo a volver a sufrir, a que le hagan daño o a sentirse rechazada cuando la conozcan de verdad.

Estas ideas que te planteo son un mapa muy general, pero seguro que ya te ayudan a darte cuenta que cada una de nosotras nos vinculamos y vivimos las relaciones de una forma muy distinta, y esto va a depender de cómo es la relación con nosotras mismas, cómo nos percibimos, cómo ha sido nuestro modelo de amor, qué creencias tenemos respecto al amor y las relaciones y cómo aprendimos a sentirnos amadas, entre otras cosas. Y este último punto, será clave.

Cuando una relación no es recíproca, cuando te genera malestar, cuando hay muchas idas y venidas, cuando sientes que no puedes ser tú, cuando la otra persona no está disponible, no te gusta cómo te hacer sentir, o no te sientes cuidada … lo natural sería que si sentimos que esa relación nos hace daño, nos resta y no nos conviene, que saliéramos de ahí, que conectáramos con nuestro valor, nuestras
necesidades y con lo que merecemos y pusiéramos fin.

Pero la realidad es, y es lo que más me encuentro con las mujeres que acompaño, que nos das tanto miedo volver a conectar con la sensación de vacío y soledad y a veces sentimos tanta prisa porque
nuestras relaciones funcionen y por fin poder cumplir nuestros planes respecto a tener familia, a darle sentido a nuestra vida, a cumplir las expectativas que se esperan de nosotras… que lo que hacemos es justificar, minimizar, tapar y no atender todas aquellas cositas que nosotras ya sentimos que no están bien.

Incluso, necesitamos tanto que alguien nos haga sentir que sí valemos la pena, que priorizamos que nos elijan por encima de crear una relación sana para nosotras.

Por eso es tan importante que podamos revisar cómo entramos a nuestras relaciones, cómo estamos nosotras y qué expectativas tengo hacía esa persona y hacía esa relación. Porque si lo que yo me cuento es que necesito a una pareja para por fin, estar bien conmigo y sentirme valiosa… creo que estamos depositando demasiado en el otro, y sin darnos cuenta, le estamos dando muchísimo valor a la otra persona y poco valor a nosotras, y aquí empezamos a construir relaciones muy desequilibradas, donde constantemente voy a conectar con la sensación de que tengo que esforzarme mucho para que me quieran.

Como el objetivo es que me elijan, me olvido de poner el foco en mí y aquí es cuando empezamos a desconectar de lo que sentimos y de nuestras necesidades en beneficio de mantener a esa persona a nuestra lado.

Y aunque podemos sentir que esa persona no nos conviene y aunque haya momentos donde estamos muy mal, resulta que también van a haber momentos donde vamos a estar muy bien (y estos vaivenes emocionales son propios de las relaciones tóxicas y muy adictivos) así que nos enganchamos a la posibilidad de que algo pueda cambiar, de que ahora sí pueda funcionar esta historia y estar bien, nos seguimos esforzando por encajar y incluso nos contamos que quizá, es que estamos siendo demasiado exigentes.

Porque en el fondo, no queremos ni estamos dispuestas a renunciar y priorizamos la parte que sí nos gusta, lo que sí nos da esa persona, o esos momentos de fusión y conexión, aunque sean muy pocos.

Así que podemos estar viviendo una relación que nos hace daño y nos genera malestar, pero sentir que no podemos dejarla porque “nos queremos mucho” “el sexo es maravilloso “ o “ nunca más voy a sentir nada igual”.

Y no nos damos cuenta, que nos da tanto miedo el dolor de la ruptura y la soledad, que ya sostenemos cuotas de dolor altísimas en la relación, y que quedarnos en ella implica muchas veces, abandonarte a ti misma.

Sé qué no es fácil soltar a una persona que queremos, pero tenemos que empezar a cuestionarnos todas las creencias que tenemos sobre el amor porque aunque quererse es necesario, te prometo que no es
suficiente para que una relación funcione, sobre todo, no es suficiente para que tú te sientas segura y en calma, de esto hablo muchísimo en mi libro Ámate, y mucho.

Así que cuando una relación te genera dolor, malestar y sientes que incluso está afectando a tu autoestima, es momento de salir de ahí.

Sé que duele, pero más duele seguir al lado de una persona que no está dispuesta a darte lo que tú sí estás dispuesta a dar.

En este punto, cuando por fin conectamos con esa parte de nosotras que siente merecer más y que merece que la quieran tal como es, nos armamos de valor y quizá ponemos fin a la relación, pero es
importante que sepas, que aunque te sientas segura en tu decisión, los días y semanas posteriores, puedes sentir dudas, echar de menos a esa persona, tener de ganas de escribirle, cuestionarte si lo has hecho bien o no, entrar en bucle con pensamientos del tipo “te vas a quedar sola”, “ no estabas tan mal”, “nadie te va a querer” … todo esto va a pasar, porque el duelo duele, y de alguna manera queremos evitar el dolor y el sufrimiento.

Nos va a costar meses transitar la pérdida y aceptar la nueva realidad y como nuestra mente lo último que quiere es salir de la comodidad y sufrir, nos mandará señales para volver, y vamos a buscar mil excusas para restablecer de nuevo el vínculo.

Es en estos momentos cuando te sientes más vulnerable, que caes en la romantización de todo lo vivido, solo recuerdas lo bonito y te olvidas de los motivos por los que hoy no estás al lado de esa persona. Así que necesitarás recordarte todas las cosas malas que tenía la relación y qué tiene de bueno haber salido de ahí para conectar de nuevo contigo, tus necesidades y tu poder personal (puedes hacerte una lista y leerla cuando lo necesites).

Y también es importante que todo esto no lo pases sola y que día a día, vayas tomando decisiones que te cuiden.

Estate cerca de los tuyos, haz cosas agradables, cositas que te gustan. Haz deporte, ponte pequeños objetivos, ten tu rutina, revisa tu diálogo interno y sé más compasiva contigo misma, estás transitando
un momento muy doloroso y lo estás haciendo lo mejor que puedes.

Sal de la idealización, deja de pensar que has perdido al amor de tu vida, a alguien perfecto, te prometo que si la relación se ha acabado, hay motivos para no estar juntos y si tomaste la decisión es porque hay una parte de ti, que no se sentía querida, vista o lo que sea para ti.

Porque una ruptura no es un fracaso. Fracaso es continuar en una relación que no te hace feliz y te prometo que tú, igual que yo, mereces un buen amor.

Noemi Seva

@noemi_seva_coach

Libro Ámate, y mucho: https://www.planetadelibros.com/libro-amate-y-mucho/355338

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